vista general de la coral polifonica Allegro, de VigoLos miembros del coro en plena actuación Vista general desde el corootra vista general desde el coro Iglesia Camen de Abajo

El pasado sábado día 10 de Mayo y organizado por el coro Francisco Salinas, al cual pertenezco, tuvimos la suerte de disfrutar de la música ofrecida por la CORAL POLIFÓNICA ALLEGRO, de Vigo. Su bien hacer y sus movimientos acompasados al ritmo de sus voces, hicieron que todos los presentes disfrutáramos de unos minutos de relajo (alrededor de 70m). Además en su repertorio había piezas tan conocidas como “Duerme Negrito”, “Only You”, “Negra Sombra, “ Habaneras de Cádiz”, “Cantares” “Hijo de la Luna” y “La flor de la Canela”, entre otras. Es cierto que se nota el trabajo de su actual directora, Preciosa Ucha, que tomó la dirección a finales del año 2001, le ha dado alegría y movimiento. El concierto se celebró en la Iglesia del Carmen de Abajo, cedida gentilmente al efecto, por los sacerdotes Carmelitas y que fue solicitada por nuestro grupo, la coral Francisco Salinas de Salamanca. La coral actuante tiene una pagina webb que puede visitarse : http://coralallegrovigo.blogspot.com/search/label/Videos

Pero para mí, esta Iglesia me volvió al pasado. Más de 50 años atrás, a esta Iglesia, asistía yo a acompañar a mi abuelo paterno, el cual iba siempre con su traje negro, su corbata y su sombrero. Y acompañados siempre por su bastón. Ayer al ver a la Virgen del Carmen allá arriba, con un fondo azul con nubes pintadas, que cuando era niño me parecía el cielo, el corazón mi dió un vuelco. Aquella visión de hace tantos años volvía a mi espíritu. La Virgen aparece con el niño Jesús y un gran escapulario. “Escapulario”. ¿Cuanto tiempo hace que no venía a mi pensamiento esta palabra?. Sí, mi abuelo era cofrade y siempre llevaba puesta la medalla grande, medallón, al cuello con un cordón morado. Los escapularios se llevaban al cuello, pero por dentro. Y recuerdo que hacía frío. Mucho frío. Pero sin faltar uno, todos los domingos y fiestas de guardar, teníamos que ir. Hasta que crecí un poco y nos “obligaban” a asistir al colegio.

Y el sábado, además, subí al coro y bajé por unas estrechas escaleras de caracol, por las que ,en aquellos años, me novía. Desde aquí quiero agradecer a los sacerdotes Carmelitas, su colaboración y su paciencia. Sobre todo a Tomás y a Marín, que son los nombres de los que conozco. Porque, además, nos han cedido una sala, en la que tenemos nuestra sede. Gracias de corazón.