Julio 6th, 2008Minivacaciones III
Jaca. Sin prisa pero sin pausa, nos levantamos con la idea de visitar la ciudad. Desde el GRAN HOTEL, el centro de la ciudad nos quedaba ahí mismo. Vimos la Ciudadela, la Catedral, que estaba abierta y nos dió gran alegría. Hacía fresquete allí dentro y serían las 10 de la mañana. Hicimos fotos, comentamos un poco la catedral, con un órgano en el altar mayor como para quitar el hipo. Dimos una vuelta por la calle Mayor, vimos el Ayuntamiento y nos acercamos a una oficina de viajes para cambiar el hotel que teníamos en Calahorra, por uno de Tarazona. Hubo suerte y nos dieron el mismo hotel de la primera noche. Así que ahorramos unos kilómetros y era un hotel conocido. Así que con esta alegría y ya con ganas de “hacer kilómetros”, nos fuimos al hotel, recogimos las maletas y de nuevo al coche. Salimos “pitando” hacia el Monasterio de San Juan de la Peña. ¡Vaya paseito! ¡Vaya carretera!. En fín, parada obligatoria en el pequeño y pintoresco pueblo de Santa Cruz de Serós. En otro tiempo, año 1000, se fundó el Monasterio de Santa María. A Ramiro I, se le debe esta construcción y a sus dos hijas, que fueron abadesas, su engrandecimiento y mantenimiento. Hoy día sólo queda la Iglesia, de la que destaca su torre extraordinaria, rematada con un cuerpo octogonal, en el que está la cúpula. Alrededor de los años 1600, fue abandonado, pues las monjas tuvieron que irse a Jaca. El pueblo en sí es precioso. Encontramos una tienda-taller de cerámica y allí compramos algunas cosas.
Allí mismo, enfrente, encontramos una pequeña Iglesia, dedicada a San Caprasio. Una pequeña iglesia románica, levantada en este enclave, de camino a San Juan de la Peña, para dar atención religiosa a los habitantes de la Zona. Pero antes de marcharnos de allí criticamos que están haciendo unos edificios, que quitan la vista de la Iglesia. Parece mentira que lo hayan permitido.
De nuevo al coche y tomamos la dirección a San Juan de la Peña. Allá arriba. En el camino paramos en un mirador a disfrutar del bello paisaje, con sus picos nevados a lo lejos. Y llegamos por fín al monasterio de San Juan de la Peña. Nos hicieron ir a un aparcamiento de coches y para bajar lo haríamos en un bus preparado al efecto. Entramos en el monasterio nuevo, compramos las entradas y comenzamos a ver esta instalación moderna, en la que puede observarse a través de un suelo acristalado, cómo era el monasterio que allí hubo ya que un incendio en el año 1675 lo destruyó y el año siguiente se comenzó la construcción del nuevo. En el año 1835 fue abandonado y hasta mediados del siglo XX el Gobierno de Aragón no decidió su remodelación, tomando el nuevo edificio como CIRA, Centro de Interpretacion del Reino de Aragón. Una vez acabada esta visita, decidimos entrar a comer allí mismo en unas instalaciones modernas. Y después, para estirar las piernas, subimos, mas o menos cómodos, hasta el Balcón de los Pirineos. Un lugar desde el que se aprecian todos los pirineos, tanto del lado español, como del lado francés. Un remanso de paz y tranquilidad, solo alterado por los cantos de los pájaros. Cuando nos pareció adecuado, nos bajamos de nuevo al monasterio Nuevo, con el fín de coger el bus, que sube cada 10 minutos, que nos acercaría al Monasterio viejo. Y llegamos. Y allí está, bajo una gran peña, peña que le da el nombre. Dice la leyenda que un señor del lugar iba persiguiendo una animal para su caza. De repente el animal cayó al vació y el caballo se detuvo milagrosamente. El caballero bajó y se encontró al animal muerto al lado de un eremita, fallecido, que tenía una primitiva construcción. Este caballero, en agradecimiento y con fé de que había sido un milagro, vendió sus bienes y junto a su hermano, comenzó la construcción de este Real Monasterio.
En él destaca la Iglesia prerrománica (Cripta), el Panteón de los Nobles, la iglesia superior, la capilla gótica de San Victorián y sobre todo el magnífico claustro románico. Todo ello puede considerarse excepcional. A todos estos hay que añadir el Panteón Real, erigido en el siglo XVIII, de estilo neoclásico.
Un hecho importante: el 22 de marzo de 1701 fue el primer lugar donde se introdujo en España el rito litúrgico románico, tal como mandaba el papado.
Y una vez gozado todo, decidimos salir para esperar el bus que nos subió hasta el Monasterio Nuevo, donde estaba nuestro coche. Nos montamos y de nuevo a la carretera camino de la Sierra de Loarre, donde esperábamos saborear su Castillo tan bonito y en el que se han grabado algunas películas. En el proyecto de viaje, teníamos parar en Riglos pàra ver los Mallos, pero decidimos que no teníamos tiempo, ya que el Castillo tiene un horario de cierre. Y según íbamos, carretera adelante nos encontramos con unas rocas curiosas y un río de tono turquesa en su valle. Y mira tú por donde, eran nuestros Mallos de Riglos, vistos desde un poco más lejos, pero era un mirador extraordinario. Disfrutamos de verdad, porque no pensábamos verlos. Son formaciones rocosas de hasta 300 m. de altura. Es el paraiso de los escaladores, ya que las hay para todos los gustos. Dicen que tambien pueden verse buitres leonados y quebrantahuesos. Y digo dicen, porque en los minutos que allí estuvimos y un poco lejos, no vimos nada. Así que satisfechos por esta grata sorpresa, seguimos y llegamos al Castillo de Loarre. Dicen que ya existía en los años 50 antes de Cristo. Fue un castillo con su capilla, luego monasterio con su iglesia mas grande y posteriormente un castillo defensivo y que fue abandonado por sus moradores, dado las incomodidades y “gracias” a las inclemencias del tiempo. El Castillo, precioso desde el exterior, por el interior está TOTALMENTE DESATENDIDO. ¡Y hay que pagar para entrar!. Por cierto, nadie nos pidió las entradas, porque no vimos a nadie que no fuera turista. Así que les regalamos las entradas a otros 4 jóvenes que llegaban. En fín, recorrimos el castillo, subimos a la torre del homenaje y disfrutamos del gran paisaje que desde allí arriba se divisa.
Un poco cansados ya, tomamos la decisión de regresar hacia Tarazona, donde teníamos reservado el hotel. Pero al llegar a la carretera, nos encontramos con un cartel que decía “Visite la Colegiata de Bolea . 11 Km.”. Así que como estaba cerca, u aunque fuera de programa, volvimos un poquito hacia atrás para ver la colegiata. Bolea fue un pueblo importante en Aragón allá por los siglos XV y XVI, Pero en el s.XIX con la desamortización, la Colegiata pasó a ser Iglesia Parroquial, que es lo que es actualmente. esta Colegiata, Santa María La Mayor, fue construida alrededor del año 1550, en un estilo de tránsito entre el gótico y el renacentista. Es importante, en su interior, el retablo, que es una obra maestra, compuesto por 20 pinturas al temple sobre madera y 57 esculturas de madera policromada. Pero estaba cerrada, y nos tuvimos que contentar con dar la vuelta a su alrededor y contemplar su torre, que fue parte de una fortaleza árabe medieval para luego adaptase a la colegiata.
Y según salimos de Bolea, paramos en un almacén y compramos unas cajas de cerezas, buenísimas y de un tamaño excepcional. Y nos enteramos, que es tierra de cerezos.
Y ya, sobre las 22,30h. llegamos a Tarazona sin ganas de salir y allí mismo cenamos, pues aunque era tarde, el restaurante o mejor sus empleados, tuvieron la amabilidad de atendernos. Y a dormir y a descansar. Mañana ya es día de vuelta a casa.






