Después de las vacaciones estivales me he incorporado al voluntariado. Lo primero, la reunión mensual y después a la huerta. He pasado por allí y he comprobado que ha habido cambios en los chicos residentes. El programa de este proyecto es muy extricto y no todos lo aguantan. Es duro, muy duro. Y por ello el que resiste, llega a ver resultados. Los hay que vuelven de nuevo. Los hay que no vuelven, pero yo creo que siempre les queda un semilla. Quiero agradecer la labor de todos los compañeros voluntarios, así como a los terapeutas, que son los artífices de los cambios en estas personas, a veces tan perdidas.