Septiembre 16th, 2008Viaje a Galicia. Septiembre 2008
El pasado sábado día 6 nos dimos una escapada a “re-conocer” Galicia.
Aceptamos la invitación de unos buenos amigos y excelentes cicerones, y allá nos fuimos. Total cinco horitas de ná. Llegamos a Pontevedra, la atravesamos y salimos en busca del Km 13, que era donde debíamos desviarnos y encontra a Maxi. Y así fue. Después de los saludos, comenzamos a subir por el monte y nos paró en un lugar, Iglesia de Dorrón, desde donde se ve el valle , la Ría de Pontevedra y el mar. Todo un lujo para los sentidos.
Seguimos despues hasta su casa, allá en la aldea de…de… Pues no me acuerdo, pero ¿qué mas da?.Sí, ya me acordé RECAREY. Lo impòrtante es que era la una del mediodía, hacía un expléndido sol y la belleza del lugar no dejaba lugar a dudas. Y cuando llegamos, nos recibió Mª José. con esa alegría que tiene su cara, y ese buen humor que la caracteriza, y nos enseñó “la choza”: Una casa preciosa de tres alturas, de granito toda ella. Acogedora. Comimos en casa y por la tarde, Maxi tenía una cena ya concertada, nos fuimos los tres a ver uno de los monumentos de los que poca gente va a ver: El monasterio de Armenteira, que está situado entre las rías de Pontevedra y Arousa, en la comarca del Salnés, de estilo cisterciense, aunque actualmente está atendido por un puñado de monjas. Se comenzó a construir hace unos años: año 1167. Bello lugar. De este monasterio, actualmente restaurado, sólo queda en pie del primitivo su iglesia, que tiene una cúpula UNICA en Galicia, de influencia mudéjar. En la nave central, encima de la puerta de entrada, hay un rosetón de calados geométricos florados, que dejan entrar al sol mortecino.
El claustro monacal, es como el de la mayorías de los monasterios cistercienses. Está poco cuidado, no es muy grande, pero se respira paz en su interior.
Y muy importante: en la época en que la sal era imprescindible para conservar alimentos, desde este monasterio se administraba casi toda la sal de Galicia.
Y después nos dirigimos a Pontevedra, donde lo más difícil fue encontrar un sitio para dejar el coche. Estaba a rebosar. Se celebraba la “FEIRA FRANCA”. En esta feria participan todas sus gentes. Todos disfrazados, toda la ciudad llena de “sabor”: Había gente de todas las edades y aquello realmente parecía una feria: todas sus calles, plazas, rincones etc. estaban llenas a tope. No había un lugar tranquilo. Durante el día había habido diversas actividades: torneo medieval, transporte del vino, tiro con arco, aves de cetrería, malabares, teatro, música, etc. Y todo ello perfectamente ambientado. Pontevedra me causó una impresión excelente. En el tiempo que estuvimos la gente estaba entretenida con la cena: todas las calles llenas de mesas con viandas, los bares, restaurantes, casas particulares. Todos.
Vimos las ruinas de la Iglesia de Santo Domingo. Realmente bonitas. En su día este convento debió ser una belleza.
Y una vez cenados y ya con un poquitín de frío, nos volvimos a casa.