El sábado pasado, es decir el día 11 de octubre, estuvimos en Miranda de Douro ( Portugal), pues para comer y hacer unas compritas y a la vuelta nos pareció oportuno pasar a conocer el Balneario de Almeida, que nos habían dicho que era una casa antigua restaurada y que estaba muy bien: DECEPCIÓN:

En primer lugar, para poder acceder al balneario hay que recorrer un camino de piedras y arena, que supongo que en el invierno estará intransitable. Llegamos a una casa rural y nos acercamos a preguntar. Nos salió al paso un perro pequeño pero molesto, que nos nos dejo en paz durante el pequeño camino. Al llegar ya vimos que detrás había otra casa más grande donde ponía :Balneario.

Entramos a preguntar y ya el Sr. de la recepción no pareció hacerle mucha gracia. Volvimos al coche a comunicárselo a las señoras y el p. perrito, de nuevo ladrando a nuestros pies. Llevé el coche hasta la puerta y entramos en la cafetería. Allí la camarera, que no era nada agradable, nos sirvió unos cafés y ya, en principio, nos cobró uno de más. Si no se lo decimos y estamos atentos, pues ahí se queda. Hay que reconocer que nos pidió disculpas dos o tres veces. Pero se marchó y allí nos dejó. Como mierda al sol. Terminamos y me acerqué al señor de la recepción a pedir algo de información. Sin decir ni palabra, me largó un folleto y eso fué todo lo que este “amable” señor nos enseñó del balneario. Yo creo que, qué menos, de preguntar algo, dar a conocer el balneario, enseñarlo, establecer una conversación: NADA DE NADA. Así que salimos con una intención bien clara: no volveremos nunca jamas.

Y si alguien nos pregunta, les aconsejaremos que no vayan. Lo siento, pero a mi parecer, no es forma de hacer clientes. Aunque tenga unas aguas maravillosas. ( que por otro lado quiero suponer que serán de un manantial, como mucho)