Hoy es domingo 19 de Junio.
Y ya pasó lo peor. La operación todo un éxito. Es curioso. Reconozco que ni siquiera el día del ingreso sentía miedo. Pienso que era la confianza y el desconocimiento. ¡Si hasta bromeaba con la enfermera cuando me llevaba al quirófano! ¡Tengo carnet de primera especial, respondía ella!.
Lugar extraño el quirófano, la verdad. Pequeños espacios donde los cirujanos a veces juegan con la vida o la muerte de otras personas. Donde el saber hacer de ellos y sus ayudantes es vital. Te dan confianza para que la tranquilidad llegue a tu mente. Un lugar lleno de “chismes” para mí. Muchos aparatos y muchos más que ni siquiera ví. Me subí a la mesa de operaciones. ¡era tan estrecha, que mis brazos pegados a mi cuerpo se iban hacia abajo!. ¡Medida estandar!, contestaba la enfermera con una sonrisa. Y yo pensé, que claro, para poder operar, tienen que tener accesibilidad. Pero también pensé que hay personas mucho más anchas que yo. ¿como se las arreglarán?. Una lámpara enorme y redonda encima de nuestras cabezas. ¡ “una como esta para mi casa no estaría mal”!, pensé. Abrieron una especie de brazo para apoyar mi brazo izquierdo y algo me pusieron en el gotero que llevaba bien anclado en mi antebrazo. Llegó el anestesista, muy campechano, y despues de hacerme unas preguntas banales me dijo que iba a ponerme algo en la frente y…ya no recuerdo nada más hasta vagamente al salir del quirófano, donde los míos dicen que dije pero no recuerdo nada. En mi estancia enla UCI, perfectamente vigilado por los automatismos y cinco enfermeras para mí solito, pues dormí y dormí y dormí… Me despertaba cuando cambiaban las medicinas, cuando me preguntaban algo, pero en ningún momento tuve sensación de agobio ni de dolor. Me encontraba fenomenal, la verdad. Y sin hambre. ¡qué curioso!. Estuve mas de 24 horas sin comer y sin beber tan a gusto. Dejaron entrar a mis esposa y a mis hijos. Me agradó en sobremanera que estuvieran todos allí y estaban ansiosos por saber. Pero la visita fue corta y tuvieron que marcharse. Y menos mal que enla UCI estaba yo solo. Luego, por la tarde, empezaron a llegar otros recien operados.
Y llegó el momento : ¡ “Juan, le vamos a dar el conejo para que haga pis. Si no lo hace, tendremos que sondarle!. Y yo dije, pues bueno, lo intento. Pero sí, sí. Ni de coña. Yo metía mi casi desaparecido aparato uretral en el tubo del conejo y…no salía nada. La enfermera iba, preguntaba.. Respuesta negativa. Un verdadero infierno. Porque estaba totalmente llena mi vejiga. Me habían puesto muchas bolsas de suero. Fue el rato de mas agobio para mí. ¿Ha ventoseado?. yo dije Sííííííí. Y claro, menos mal que sabía por un amigo cirujano que una de las cosas mas importantes despues de cualquier operación es ventosear. Yo sé que algunas personas se han sorprendido y hasta han pensado ¡qué grosería!. Pero no, es necesario. Eran las 17,30h. Llevaba ya mas de seis horas en aquella cama, que no era la mía. Y decidieron : “Le vamos a bajar a la habitación, pero el enfermero le va a dejar sentado en el water y siempre con un familiar al lado, por si se marea. Y así fué. Y claro, nada mas dejarme ir…la naturaleza hizo la función que antes era incapaz.
Una vez istalado en mi cama, entró Lourdes, la cirujana. Y certificó de palabra que todo había ido perfectamente.
Y luego después, todo el rato adormilado, sin agobios, sin dolores, dejando pasar el tiempo. Las enfermeras cumpliendo con sus obligaciones pero sin molestar. La última que recuerdo entraba a las 3,45h. Y la primera que entró, fue a las 6,30h. Las entiendo. Tienen que cambiar medicaciónes, sueros, tomar temperaturas…vigilar que toda va bien.
Se me olvidaba resaltar, que me llevaron un banquete para cenar : una botellita de agua para beber a sorbitos pequeños y una manzanilla para tomar con una cucharilla de café. Y gracias a mi esposa, abnegada y paciente, pues las dos aguas las tomé a cucharaditas. ¡con la sed que tenía!. Y entonces me di cuenta que mi garganta estaba un poquito…perjudicada. Era una molestia soportable, pero una gran molestia. Y poco a poco se ha ido suavizando y ahora ya está normal.¡¡¡ Las “tuberías” que me meterían por la garganta!!!!
A las 8h llegó mi cirujana, alegre y dijo : “Juan todo ha ido bien. Has tolerado el agua y la manzanilla, así que después de tomar el desayuno ( CAFÉ CON GALLETAS, todo un placer), puedes marcharte. Aunque si quieres, puedes quedarte a comer”. ¡allí me iba yo a quedar!.
Desayuné las galletas María (del Grupo Siro), bebí el tazón de café con leche y enseguida entró una enfermera a quitarme todos los tubos, a limpiarme y ponerme unos apósitos en las heridas ( tan solo tres pequeñas). Así que con la ayuda de mi amorosa “ayudante de cámara”, me vestí y nos bajamos a la calle. ¡oh sol!. Gracias a Dios, todo había pasado. Ahora toca recuperarse en casa. Y en ello estoy.
Desde aquí, que no llegará a sus oidos, quiero agradecer el cariño, la paciencia y abnegación de mi esposa Amalia. El cariño y presencia de mis hijos Raul y Emma, y a todo el personal del Hospital General de la Santísima Trinidad, por sus buen trato y sus sonrisas. Y también al bueb hacer de Lourdes, la Doctora cirujano que me lo hizo fácil.
Y esta ha sido otra de mis vivencias que aquí dejo, aun a sabiendas que poca gente lo va a leer.
¡Ah!, la operación fue para quitarme la vesícula que estaba muy inflamada y con “pedruscos”, que han enviado a analizar, como es su costumbre.